“Flores pequeñas agrietan el concreto” y nutren con su savia galería de Oaxaca

 

 

 

Desde el pasado 9 de agosto, las obras de 11 artistas plásticos conviven en una urdimbre de luz y color en el Espacio Lalitho, en el corazón de la Central de Abasto de la capital oaxaqueña

 

 

 

Sobre el asfalto soleado

y el recuerdo de la carroza

a paso lento por senderos

de hierba cubiertos,

los muertos se lanzan

al futuro.

Seamus Heaney

 

 

 

Redacción / Agnus Dei

 

 

MÉXICO.- Salieron de la Ciudad de México hacia Oaxaca poco después de que organizaciones campesinas realizaron protestas y bloqueos carreteros para exigir apoyos. Camiones de gaseras, autobuses y automóviles se sumaban lentos a las penosas hileras en tramos de la México-Puebla.

En el viaje nos vemos con otra mirada. Nos percatamos de nuestro reflejo, de la persecución de las nubes, del motor y su letanía, de los cerros desportillados. Somos viajeros por un momento y nos abrimos a la conversaciones con plenitud de curva.

En el pequeño Chevy viajaban Manolo Garibay, Gonzalo García, Raúl Castellanos y Anaís Vasconcelos. Portaban las obras que expusieron en el trabajo colectivo: “Flores pequeñas agrietan el concreto”, el pasado 9 de agosto, en el Espacio Lalitho, una galería que abrió sus puertas en el corazón de la Central de Abasto en Oaxaca de Juárez.

Manolo, Gonzalo, Raúl y Anaís llevaban las obras de otros compañeros y Laura Elena Garduño se les uniría con los suyos el día de la inauguración.

Además de los cuatro mencionados, también forman parte del colectivo María Marín, Fernanda Brunet, Santiago Marín, Diego Narváez, Andrea Bores y Luis Hampshire, quienes se conocieron en 2018 porque algunos obtuvieron la beca del Fonca para Jóvenes Creadores y otros fungieron como tutores.

Así pues, becarios y mentores se dispusieron a montar sus trabajos en ese espacio artístico con la certeza de que lo poético asoma el testuz entre el concreto, surge y simple se da a la mirada que rastrea maravillas.

Mientras colocan los cuadros por dentro experimentan con su luz, dialogan con su color interno, se hablan para sí mismos en la forma y parpadean la evocación de otras formas. De la imagen mental a la colocación del marco no hay más que un martillazo.

“La muestra surge del afecto y de la creencia de que en este mundo construido uniformemente, con sueños de progreso y eficiencia económica y política, lo poético, en efecto, puede agrietar el concreto y abrir el mundo a un sin fin de realidades.

“Todos los pintores que exponen se conocieron en el Fonca. Unos tutores, otros becarios. Pero todos convencidos de que en oposición al no hay mas ruta que la nuestra que se vive en la actualidad, se encuentra una ternura radical que recorre todas las posibilidades y hace del temblor un baile y del suspiro un mantra para disentir con el máximo respeto…transitar en espacios que no entiendes”, así se lee en la invitación impresa de la muestra.

Tras su arribo a la Verde Antequera se reunieron con algunos camaradas y degustaron los obligados mezcales. Al otro día quedaron de verse en el Espacio Lalitho y empezó el montaje de la obra.

Anaís pintó una gran mano con uñas fosforescentes. La garra estuvo lista en 15 minutos, misma que realizó con unos aerosoles de sus compañeros porque fallaron las válvulas de los suyos. Las pinturas quedaron en su sitio y los becarios y tutores enfilaron a degustar las ineludibles tlayudas.

La inauguración se realizó por la tarde. La madre de uno de los propietarios de la galería obsequió chapulines, la proteína que nunca debe faltar en toda exposición, y un generoso vecino mezcalero se puso con las bebidas espirituosas. El público acudió a la cita y también se apersonaron locatarios de la zona que fingían admirar las obras pero, en realidad, lo suyo era la degustación.

Un joven del Istmo les propuso exponer sus trabajos en una galería de la región istmeña, ya que hace unos meses llevó por ahí los trabajos de Hampshire. El ofrecimiento fue aceptado con gusto y en septiembre las obras de los becarios y sus tutores serán expuestos en la tierra de Toledo.

Posteriormente, enfilaron a la galería Yope, en la cual hubo otra exposición y después convivieron con amigos en la casa de Guichi, la ceramista, y el Ches multifacético, quien convidó a sus colegas una obra inconclusa para que pintaran.

Queda el murmullo de lo recién vivido, alguien hunde su mirada inocente en la pintura, en la ternura de la abstracción se amalgaman ya los personajes y las formas por venir y en un suspiro nos alistamos para emprender el viaje de regreso.

El sábado salieron hacia la Ciudad de México Manolo, Gonzalo, Raúl, Elena y Anaís. Una lluvia constante les acompañó perruna en el asfalto. De vuelta a lo cotidiano que danza desencantos y se libera en el autorretrato suspicaz.

 

 

 

 

 

 

 

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