Recomiendan expertos no bajar la guardia y usar siempre cubrebocas

 

 

 

«Es importante usar cubrebocas por dos razones: no sabemos si yo soy un portador asintomático, y yo no sé quiénes de mis compañeros de trabajo sean portadores asintomáticos», asevera experto

 

 

 

MÉXICO.- A pesar del arranque de aquello que ha sido denominado como «nueva normalidad», y contrario a lo que cualquier gira política pudiera sugerir, México aún no se encuentra libre de Covid-19.

Las altas y constantes cifras de nuevos contagios y decesos diarios dan cuenta de ello, y al no haber señales positivas de que esto cambie en las próximas semanas, relajar las medidas de protección puede resultar catastrófico, informó Reforma.

«La pandemia no se ha acabado. Vamos, si nos va bien, a la mitad de esta primera ola, sobre todo en el grueso del brote que es el Valle de México», señala en entrevista el médico cirujano, maestro en ciencias de la salud y doctor en ciencias Andreu Comas García.

«Si con esta ‘nueva normalidad’ la sociedad, las empresas y el Gobierno no entienden que hay que cambiar la manera de vivir, entonces no va a haber un rebrote –porque para ello tendría que acabarse el brote–, lo que habrá es una exacerbación del brote actual, como ha ocurrido en otros lugares».

Y es que, hasta que no esté disponible una vacuna o un tratamiento seguro y efectivo, la prevención de este mal pandémico continuará dependiendo de intervenciones no farmacéuticas de mitigación.

En particular, una medida sencilla y prácticamente al alcance de todos que no se debe de abandonar es el uso de los cubrebocas, efectivos para el control de una enfermedad cuya principal vía de contagio se da a través de microgotas en el intervalo 1 a 10 micrómetros y, de acuerdo con algunos estudios, de las aún más pequeñas partículas de aerosol emitidas desde el tracto respiratorio al toser, estornudar o incluso hablar.

«De manera general, los cubrebocas ordinarios que utilizan las personas funcionan para tratar de retener la cantidad de partículas en gotas o en aerosoles que arrojamos al ambiente», precisa el médico infectólogo Hernán Navarrete, quien destaca la necesidad de hacer uso de este insumo al reincorporarse a las actividades, independientemente de si se presentan síntomas de SARS-CoV-2 o no.

«Es importante usar cubrebocas por dos razones: no sabemos si yo soy un portador asintomático, y yo no sé quiénes de mis compañeros de trabajo sean portadores asintomáticos».

«Si yo traigo cubrebocas y yo tengo el bicho, es más difícil que lo disperse; y si el de enfrente también tiene cubrebocas, es más difícil que yo lo inhale», resume, por su parte, Comas García.

Demostrado científicamente

De acuerdo con un estudio realizado por investigadores de las Universidades de California, en San Diego, y la Nacional Yat-sen, en Kaohsiung, Taiwán, y publicado en Science, los países que han reducido con mayor éxito la propagación del virus –entre ellos Japón, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán– han implementado el «enmascaramiento universal».

En el caso de Taiwán, por ejemplo, se mantuvo una baja incidencia de 441 casos y 7 muertes hacia el 21 de mayo pasado, cuando la ciudad de Nueva York, en el extremo contrario, ya sumaba 353 mil contagios y 24 mil decesos.

Esto gracias a que el Gobierno taiwanés activara rápidamente el plan de respuesta establecido después del brote de SARS en 2003, el cual incluyó, además de la detección y rastreo de pacientes infectados y de sus contactos cercanos, solicitar a las personas el uso de cubrebocas en lugares públicos.

En México, no obstante, las autoridades no han sido firmes en el establecimiento de esta medida, llegando incluso a desestimar la efectividad de dicho insumo, como fue el caso del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, que sólo hasta hace unos pocos días se refirió a él como un «elemento auxiliar de la prevención en aquellos espacios cerrados, como el transporte en donde se va a recuperar la movilidad» (REFORMA 26/05/2020).

«(México) es el único país del mundo que no está recomendando el uso de cubrebocas ni está recomendando el tamizaje masivo. Y si yo no detecto a los asintomáticos y no detecto a los que tienen pocos síntomas, entonces yo no puedo cortar la cadena de transmisión», expone Andreu Comas García, presidente del Comité de Investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, confirmando lo concluido en el estudio publicado en Science.

«Para que la sociedad se reanude, se deben implementar medidas diseñadas para reducir la transmisión de aerosoles (exhalados por las personas), incluido el enmascaramiento universal y pruebas regulares y generalizadas para identificar y aislar a los individuos asintomáticos infectados», se lee en el estudio.

Tan sólo en Wuhan, China, epicentro de la pandemia, se ha estimado que los casos no diagnosticados de infección por Covid-19, presumiblemente asintomáticos, fueron responsables de hasta el 79 por ciento de las infecciones virales. Esto, en parte, por los aerosoles que tales individuos producen y que pueden acumularse y permanecer infecciosos en espacios interiores con poca ventilación, o incluso ser transportados largas distancias por corrientes de aire, según lo hallado por los investigadores de California y Taiwán.

«La evidencia sugiere que el SARS-CoV-2 se propaga silenciosamente en aerosoles exhalados por individuos infectados altamente contagiosos sin síntomas. Además, debido a su tamaño más pequeño, los aerosoles pueden conducir a una mayor gravedad de Covid-19 porque los aerosoles que contienen virus penetran más profundamente en los pulmones», apuntan los científicos.

Dado lo poco que se sabe sobre la producción y el comportamiento en el aire de las microgotas respiratorias y los aerosoles, es difícil definir una medida exacta de distancia segura. Sin embargo, una buena comparación podría ser el humo de cigarrillo exhalado, que también contiene partículas submicrométricas y podría seguir flujos y patrones de dilución comparables.

«La distancia con un fumador a la que aún se huele el humo del cigarrillo indica la distancia en esos alrededores en la que se pueden inhalar aerosoles infecciosos», proponen los autores del estudio.

«En última instancia, la cantidad de ventilación, la cantidad de personas, el tiempo que se visita una instalación interior y las actividades que afectan el flujo de aire modularán todas las vías de transmisión viral y la exposición (al virus). Por estas razones, es importante usar cubrebocas bien ajustados en interiores, incluso con una separación de 6 pies (1.83 metros) entre personas», enfatizan.

Por otra parte, un estudio sistemático y metaanalítico hecho por investigadores de la Universidad McMaster, en Ontario, Canadá, y la Universidad Americana de Beirut, en Líbano, concluyó una gran reducción en el riesgo de infección en poblaciones donde, ya fuera ante el SARS, el MERS o el actual SARS-CoV-2, se implementó el uso de cubrebocas y mascarillas de grado quirúrgico. Esto luego de analizar 172 estudios de 16 países en seis continentes.

«Se observó, por ejemplo, que la N95 tenía una asociación protectora más fuerte en comparación con las máscaras quirúrgicas o cubrebocas de algodón de varias capas; tanto N95 como las máscaras quirúrgicas también tuvieron una asociación más fuerte con la protección frente a cubrebocas de una sola capa», se lee en el estudio, publicado en The Lancet.

«Los hallazgos de esta revisión sistemática», continúan los autores, «sugieren que el uso de cubrebocas y mascarillas protege a las personas –tanto los trabajadores de la salud como al público en general– contra la infección por estos coronavirus, y que la protección ocular podría conferir un beneficio adicional».

¿De qué material usarlo?

Ante la irrefutabilidad que los especialistas atribuyen a la eficacia del uso de cubrebocas para prevenir contagiarse de Covid-19, sólo queda la duda sobre ¿qué material resulta mejor?

«Mientras sean telas que tengan un entretejido bastante cerrado y que sean absorbentes, es decir, que las fibras puedan absorber, retener y que tengan una alta densidad, nos pueden ayudar para el hecho de tratar de limitar la cantidad de secreciones respiratorias que arrojamos simplemente al hablar, al estornudar, al toser», precisa Hernán Navarrete, médico adscrito al Servicio de Infectología del Hospital Regional Centenario de la Revolución Mexicana y al Hospital General de Cuernavaca.

Un estudio conjunto entre investigadores de los institutos de Física y de Geofísica de la UNAM, a petición de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México (Sectei), analizó precisamente cuáles son los materiales más apropiados para la elaboración de este insumo.

Haciendo uso de un microscopio electrónico que les permite obtener mediciones incluso a nivel atómico, los especialistas analizaron el nivel de filtración de diferentes combinaciones de telas, midiendo el tamaño de las microgotas líquidas que dejan pasar, y teniendo en cuenta para esto que los contagios se dan a partir de microgotas en el intervalo 1 a 10 micrómetros exhaladas al hablar, toser o estornudar, llevando consigo al virus que mide del orden de 0.1 micrómetros.

«Actualmente hay en el mercado muchos cubrebocas comerciales y otros de fabricación casera cuya eficiencia está entredicha. Las pruebas preliminares realizadas en estos indican que dejan pasar gotas mayores a 10 µm (micrómetros), lo cual da poca seguridad a sus usuarios», señalan los académicos en el estudio.

«En el mercado hay cubrebocas que híjole, los hemos medido y pasan partículas hasta de 20 micrómetros, gotas de 20 micrómetros, por lo que ya, definitivamente, dan muy poca protección al usuario. Esa es una preocupación que se tiene», comenta a Reforma Jesús Arenas, jefe de departamento del Laboratorio Central de Microscopía del Instituto de Física de la UNAM.

De acuerdo con el doctor en física de materiales, corresponsable del estudio junto con la vulcanóloga Ana Lillian Martin del Pozzo, una vez establecida la metodología para medir las microgotas –en la que tomaron como referencia las mascarillas de corte quirúrgico N95– comenzaron las pruebas en muestras de telas como algodón, licra y poliéster.

«Nosotros bombardeamos con un rociador de agua salina la mascarilla por el frente, y del lado opuesto ponemos un portamuestras en donde quedan impregnadas las gotas de agua salina, y esas son las que nosotros medimos», detalla Arenas.

«Vimos que la de poliéster es la que daba mejores resultados para contener partículas, o en este caso gotas de saliva, menores a 1 micrómetro», añade sobre el tipo de material que mostró una efectividad de hasta 93.7 por ciento, con una microgota medida de 0.65 micrómetros.

Las combinaciones que le siguieron en eficiencia fueron la de dos capas de licra intercaladas con dos de poliéster, con hasta 92.0 por ciento; la de poliéster-algodón-poliéster, con 87.6 por ciento, y la de licra-algodón-poliéster, con hasta 77.2 por ciento.

Por el contrario, la que registró una menor eficiencia, con apenas 52.9 por ciento, fue la combinación licra-algodón-licra.

«Se considera que un cubrebocas preparado con tres capas de poliéster –o doblado 3 veces– podría proporcionar una protección mejor que otros materiales, incluyendo al algodón», concluye el estudio.

¿Y cuántas veces se podría reutilizar?

Hoy llegamos a 25 lavadas del cubrebocas y sigue dando buenos resultados.

¿Qué hay de aquellos hechos de neopreno?

Puede haber unos de neopreno que sean buenos, siempre y cuando el número de capas sea mayor o igual a tres.

Haber obtenido estos resultados no significa el fin del estudio. Los académicos continúan en busca de una combinación de materiales que impida el paso de partículas aún más pequeñas de las reportadas.

«Estamos trabajando contra reloj para poder aportar un prototipo alternativo que ayude a la población mexicana ahora que se regrese a la ‘nueva normalidad’, para aquellos que necesiten transportarse en transporte público, vayan de compras, a la escuela. En fin, las actividades de una vida cotidiana», expresa el técnico Carlos Magaña, uno de los participantes del estudio.

¿Cambiar la forma de hablar?

¿El modo en que articulamos y pronunciamos las palabras podría estar relacionado con una mayor o menor propagación del virus? Sería, acaso, una de las posibilidades menos imaginadas, pero que ahora investigadores de la Universidad de California, en Davis, y de la Escuela de Medicina Icahn, del Hospital Monte Sinaí, en Nueva York, han abordado.

Lo que este equipo plantea es que existiría una fuerte correlación entre la amplitud del habla de las personas y la emisión de partículas micrométricas en los aerosoles exhalados. Es decir, los diferentes fonemas –las unidades de sonido más básicas del lenguaje– tienen un efecto en la emisión de partículas desde el tracto respiratorio al hablar.

«Medimos las tasas de emisión de partículas respiratorias de 56 voluntarios humanos sanos que expresan fonemas específicos, tanto de forma aislada como en el contexto de un texto hablado estándar», detallan los investigadores en el estudio realizado en inglés.

«Descubrimos que ciertos fonemas están asociados con una producción de partículas significativamente mayor; por ejemplo, la vocal / i / (pronunciada en las palabras anglosajonas ‘need’, ‘sea’) produce más partículas que ‘saw’, ‘hot’, / o / u /, ‘blue’, ‘mood’. Mientras que palabras disilábicas con las consonantes oclusivas sonoras, por ejemplo / d /, / b /, / g /, producen más partículas que las palabras con consonantes fricativas sin voz, por ejemplo / s /, / h /, / f /».

Mediciones que mostraron que las tasas de emisión de partículas se correlacionaron positivamente con el contenido vocal de una frase. Y, por el contrario, la emisión disminuyó durante las frases con una alta fracción de consonantes fricativas sin voz.

«Estos resultados sugieren que la transmisión aérea de patógenos respiratorios a través de partículas de aerosol exhalado durante el habla podría modularse por características fonéticas específicas del idioma hablado por una determinada población humana, junto con otras variables epidemiológicas consideradas con mayor frecuencia», concluyen los investigadores.

Mientras esto queda como una tarea pendiente para la «nueva normalidad», la recomendación más práctica continúa siendo la protección mediante el uso de cubrebocas y caretas, o, como solicitara el Sistema de Transporte Colectivo Metro a sus usuarios, no hablar, cantar o gritar específicamente durante los recorridos, pero que bien podría extenderse a todo el espacio público.

 

 

 

Fuente: Reforma

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